Durante la última década, los fabricantes de smartphones nos convencieron de que las cámaras tradicionales estaban destinadas a desaparecer gracias al avance de la fotografía computacional. Pero en 2026, los creadores de contenido profesional, cineastas independientes y directores de arte han encontrado el límite de los sensores pequeños de los móviles. La respuesta física de la industria ha sido democratizar el Medio Formato Digital Compacto, con marcas como Hasselblad y Fujifilm a la cabeza.
Un sensor de medio formato es aproximadamente un 70% más grande que un sensor Full Frame (formato completo) tradicional de 35mm. Esto se traduce en una captura de luz y un rango dinámico incomparables: las zonas de sombra más oscuras y las luces más brillantes conservan detalles reales, sin necesidad de que un algoritmo de IA intente “dibujarlos” de forma artificial.
La revolución de este año radica en el tamaño y el precio. Lo que antes requería cámaras de estudio gigantescas de millones de pesos chilenos, hoy se ha comprimido en cuerpos mirrorless (sin espejo) de aleación de magnesio que pesan menos de un kilogramo y tienen un precio competitivo frente a los buques insignia de formato completo. Con sensores que parten en los 100 megapíxeles y sistemas de autoenfoque híbrido por detección de fase acelerado por hardware, estas cámaras permiten imprimir carteles publicitarios gigantescos con una textura orgánica y una profundidad de campo natural imposibles de replicar en un smartphone.














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