Un sondeo internacional liderado desde Chile usa el Very Large Telescope para estudiar lo que el polvo interestelar esconde en el centro de nuestra galaxia. A pocos meses de comenzar, ya observó planetas errantes, galaxias ocultas y cúmulos que resisten el entorno más hostil de la Vía Láctea.
Mirar hacia el centro de nuestra propia galaxia es, paradójicamente, una de las tareas más difíciles de la astronomía. La Tierra está dentro del disco de la Vía Láctea, y entre nosotros y su núcleo hay enormes nubes de gas y polvo que bloquean la luz visible. Es como intentar ver el fondo de una habitación llena de humo.
Para atravesar esa barrera nació el KMOS VVVX-GalCen Spectroscopic Survey, un proyecto internacional que opera desde el Very Large Telescope (VLT) del Observatorio Europeo Austral (ESO), en Cerro Paranal, Región de Antofagasta. Y aunque lleva poco tiempo funcionando, sus investigadores ya presentaron los primeros hallazgos.
La clave está en el infrarrojo
El secreto del proyecto es KMOS, un espectrógrafo instalado en el VLT que trabaja en el infrarrojo cercano y puede analizar varios objetos al mismo tiempo. A diferencia de la luz visible, la radiación infrarroja logra pasar a través del polvo interestelar, lo que permite estudiar objetos que en otras longitudes de onda permanecen completamente ocultos.
Pero no se trata solo de “ver” los objetos, sino de obtener su espectro: descomponer su luz para conocer de qué están hechos, qué temperatura tienen, cómo se mueven y a qué distancia se encuentran.
El proyecto es liderado por Matías Gómez, director del Instituto de Astrofísica de la Universidad Andrés Bello (UNAB), como investigador principal, junto a Francisco Nogueras-Lara, del Instituto de Astrofísica de Andalucía (España), como co-investigador principal. ESO lo seleccionó como uno de sus Public Surveys, con cerca de 1.300 horas de observación repartidas en tres años.
Planetas sin estrella… y en pareja
Uno de los resultados que más entusiasma al equipo es la observación de planetas errantes: mundos que vagan por la galaxia sin orbitar ninguna estrella.
Según Gómez, lograron incluso detectar y obtener espectros de un sistema binario de planetas errantes, es decir, dos planetas libres ligados entre sí. El investigador destacó que captarlos en el momento justo fue especialmente valioso, ya que este tipo de sistemas no sobrevive mucho tiempo.
Estudiar estos objetos abre preguntas fascinantes: ¿se formaron como planetas alrededor de una estrella y luego fueron expulsados? ¿O nacieron solos, como estrellas fallidas? Sus espectros ayudarán a responderlo.
Galaxias escondidas detrás de la nuestra
Otro frente de trabajo apunta más allá de la Vía Láctea. Existen galaxias ubicadas justo detrás del plano galáctico que, por el polvo, nunca habían sido caracterizadas. El equipo las está observando espectroscópicamente en el infrarrojo por primera vez.
Esto permitirá completar una zona del mapa del universo que históricamente ha sido un punto ciego para los astrónomos, conocida como la “zona de evitación”, y entender mejor las estructuras a gran escala que se esconden tras nuestra galaxia.
Cúmulos que sobreviven en el caos
El tercer foco está en los cúmulos estelares, tanto globulares como abiertos, ubicados cerca del centro galáctico. Es una región extrema: alta densidad de estrellas y fuertes tirones gravitacionales que van “desarmando” estos grupos, arrancándoles estrellas poco a poco o incluso destruyéndolos por completo.
El equipo está confirmando y caracterizando estos cúmulos para entender cómo logran resistir, y estudiar fenómenos como la evaporación de estrellas y la disolución de asociaciones estelares en las cercanías del núcleo.
Una década de mapas como punto de partida
KMOS VVVX-GalCen no parte de cero. Cinco de sus seis áreas científicas se apoyan en el legado de VVV y VVVX, dos grandes sondeos infrarrojos que mapearon la Vía Láctea en múltiples épocas durante más de una década, liderados por el astrónomo Dante Minniti, también del Instituto de Astrofísica UNAB. Esos catálogos aportaron buena parte de los miles de objetos que hoy se analizan en detalle.
Minniti subrayó que un proyecto de big data de esta escala exige mucha preparación: desde la adquisición de las observaciones hasta el manejo de datos y el desarrollo de herramientas propias para reducirlos y analizarlos. Según el investigador, hasta ahora todo ha funcionado bien.
Además de estrellas, cúmulos, planetas errantes y galaxias, el proyecto contempla el estudio de objetos jóvenes, regiones de formación estelar y el propio centro de la Vía Láctea.
Ciencia hecha en Chile, con formación incluida
El sondeo está cerrando su primer año de turnos de observación, en los que han participado investigadores con experiencia, científicos jóvenes y estudiantes. Más allá de los resultados, la iniciativa está formando capacidades técnicas en el uso de KMOS directamente desde Paranal, reforzando el rol de Chile no solo como anfitrión de telescopios, sino como protagonista en la investigación astronómica de frontera.






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